
Hace unos meses, coloqué un perfil en una de las webs de contactos que existen en la red. A la hora de buscar un nick, un sobrenombre, y mientras daba vueltas a mi cabeza intentando encontrar uno, corto y fácilmente recordable, vinieron a mi cabeza nombres de planetas, de satélites...
Siempre me gustó la astronomía y, de repente, recordé a Phobos y a Deimos, los satélites de Marte.
Decidí utilizar el nick de Phobos, sonoro, corto y fácilmente identificable. Gracias a ese perfil, he conocido a unas cuantas personas, en su mayoría interesantes. Pero hace unas semanas, recibí un mensaje que me dejó sin habla... "Phobos es miedo, de qué tienes miedo?"
De golpe, me di cuenta que mi subconsciente me había delatado. Marte, dios de la guerra, es acompañado siempre por Phobos y Deimos, por el miedo y el terror. Y sin ser consciente de ello, yo había elegido como nick lo que me había acompañado año tras año tras el diagnóstico, miedo.
Hoy en día conozco a unas cuantas personas seropositivas y, si hay algo en común entre nosotros, además del vih, es el miedo que, de una forma u otra, es presente en nuestras vidas.
Miedo al rechazo social, miedo a la infección, miedo a contagiar a nuestras parejas, miedo a los efectos secundarios de la medicación, miedo a la soledad, miedo a que nuestros seres queridos nos aparten de su lado...
Por suerte en mi caso, phobos forma parte del pasado, aunque de una manera u otra aparezca momentáneamente en según que situaciones. Pero me ha costado mucho, y me cuesta aún, ser consciente de que ese miedo es algo irracional, sin sentido. Precisamente ahora, soy capaz de ver más claramente el efecto de ese miedo, en los demás seropositivos y en mi pasado, en mi mismo.
Tras el diagnóstico, hay un periodo de tiempo en el que la mayor parte de nosotros creemos afrontar en buenas condiciones la "noticia". Pero poco a poco, se inicia un lento proceso por el que comenzamos a acurrucarnos en una esquina de nosotros mismos. Hasta llegar a un estado de depresión crónica que se retroalimenta de nuestros propios miedos, afectando a todos los ámbitos de relación social del seropositivo/a.
Un buen número de personas que tienen pareja estable, en el caso de que sean serodiscordantes, comienzan a perder el interés por el sexo, esquivándolo como pueden. El sexo deja de vivirse como un momento de compenetración con la pareja y pasa a convertirse en una tortura cuando lo único presente en nuestra cabeza es la posibilidad de infectar a nuestra pareja.
La mayor parte de las parejas negativas de seropositivos no entienden el cambio que, poco a poco, va instalándose en la mente de su compañero o compañera. Lo viven como si fuese un rechazo o una pérdida de interés y, cuando se les intenta explicar, su reacción es restar importancia al riesgo del contagio, queriendo mantener relaciones sexuales sin las mínimas medidas de protección para intentar demostrar que no les importa ese riesgo. Esta actitud de las parejas seronegativas provoca una agudización del sentimiento de peligro en sus parejas seropositivas, aumentando en éstas su rechazo al sexo. Antes o después, las parejas serodiscordantes que no realizan el esfuerzo de entender y comprender lo que sucede, se rompen.
Aquellas personas seropositivas que son diagnosticadas cuando no tienen pareja, inician diversos caminos. Para algunos, el miedo les hace autoconvencerse de que lo único que quieren es "pasarlo bien" y se niegan la posibilidad de vivir una relación estable por el temor a ser rechazados. Otros, inician una búsqueda desesperada de pareja entre otros seropositivos, con el terror a vivir una vida de soltería y soledad. Algunos, pocos, asumen que, con o sin vih, tener una relación que vaya más allá de compartir un espacio físico o unos gastos comunes es algo dificil para cualquier persona y que, por tanto, tanto si la encuentran como si no, haran lo posible por ser felices con lo que la vida les proporcione.
Por desgracia, en la mayoría de nosotros, los seropositivos, es phobos quien marca el camino.